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El don de profecía

"A otro, profecía" (1 Corintios 12:10). Cuando decimos la palabra profecía, la entendemos literalmente como la palabra revelada de Dios, algunas veces con referencia al futuro. A través del Antiguo Testamento y del Nuevo, Dios profetizó acerca del final de la historia, el nuevo cielo y la nueva tierra centrados alrededor del pueblo de Israel.

 

Todas estas profecías escritas en la Biblia forman esa parte de la Palabra de Dios que ha pasado a nosotros a través de los fieles escritos de los profetas inspirados por el Espíritu Santo.

 

Observemos que el apóstol Pedro escribió: "Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1:21).

 

Por su providencia especial, Dios protegió las profecías y los escritos de la Biblia de manera que fueran recogidos sin error alguno, hasta que se füara el canon, o lista de libros oficialmente aceptados como genuinamente inspirados.

 

Puesto que la Biblia ya está completa, la profecía dada como don del Espíritu Santo es diferente a las profecías bíblicas. El propósito principal de las profecías dadas bajo la unción del Espíritu Santo hoy no es predecir sucesos futuros, sino edificar, exhortar y consolar a los creyentes.

 

La Biblia lo enseña con claridad: "Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación" (l Corintios 14:3). Con respecto a este don de profecía, no quiero decir con esto que no se relacione con sucesos futuros.

 

Lo que quiero decir es que la palabra de profecía resultante de una manifestación de este don nunca se deberá considerar como igual a la Palabra escrita de Dios, ni tampoco deberá tomar su lugar.

 

Además, aunque la profecía sea dicha por una persona que haya recibido este don, su veracidad o falsedad deberán serjuzgadas y discernidas por otros creyentes.

 

Pablo confirma esto en su primera epístola a los corintios: "Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen" (1 Corintios 14:29). Repito de nuevo: la profecía manifestada hoy como don del Espíritu Santo no debe ser aceptada ciegamente, sino recibida con discernimiento.

 

Vemos esto con claridad en Isaías 8:20: "lA la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido."

 

La profecía de hoy tiene como fin confirmar que los creyentes pueden aceptar las lecciones y palabras de las profecías bíblicas y recibir la salvación según la enseña la Biblia, para profundizar después en su fe.

 

El apóstol Pablo escribió acerca del uso de la profecía en la iglesia: "Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convericido, por todos esjuzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros" (1 Corintios 14:24,25).

 

Aquí se describe nuevamente el don de profecía en función del ministerio: convencer de pecado, juzgar una vida extraviada o manifestar los secretos del corazón.

 

Como consecuencia, la fe de la persona será edificada y la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, crecerá. A causa de estas características de la profecía, Pablo la hace resaltar entre todos los demás dones y dice: "Procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis" (1 Corintios 14:1), y también: "Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas" (1 Corintios 14:39).

 

La profecía es el don que los ministros y predicadores del evangelio deJesucristo debieran anhelar especialmente hoy. Cuando se le predica la Palabra por medio de este don a una congregación, su vigorizante poder aparece, y se puede cosechar el fruto del evangelio.

 

Hoy día son muchos los que hacen mal uso, o incluso abuso de este don. Alejados de lo que enseñan las Escrituras, predicen de manera habitual la fortuna de otras personas, como los adivinos.

 

Estas personas no han recibido el verdadero don del Espíritu Santo, sino que están poseídas por espíritus de mentira y se han convertido en profetas de espíritus malignos de adivinación.

 

Como pasa con todos los demás dones, el don de profecía es dado sólo para predicar el evangelio de Cristo y para edificar la Iglesia; de ninguna manera se lo puede considerar como dado para cumplir deseos personales, o como instrumento de distinción.

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